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Notas al Programa de ‘Propuesta de Escucha’ a cargo de Darío Mariño

Salón de Actos del Museo de Bellas Artes de A Coruña
Sábado 26 de mayo de 2007
12:00 horas

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Darío Mariño, clarinete
Helena Satué, violín
Rafael Muñoz-Torreno, violín
Luigi Mazzucato, viola
Blanca López, violoncello
Todd Williamson, contrabajo
J. Vicente Castelló,trompa
Manoel Veiga, fagot

» W. A. MOZART (1756-1791) Quinteto para clarinete, K. 581

» L. van BEETHOVEN (1770-1827) Septeto en mib maior, Op. 20

» W. A. MOZART (1756-1791) – Quinteto para clarinete y cuerdas, en la mayor, K. 581

I. Allegro (12:13)

       Charles Neidich, L’Archibudelli

El Quinteto “a Stadler”, primera obra en la historia de la música que junta al clarinete y al cuarteto de cuerdas, conoció una magnífica descendencia: Weber, Brahms y Reger. No obstante, la perfección de la obra mozartiana permanece insuperada, pues, lo mismo que el Concierto terminado en septiembre de 1791, explota a fondo todas las posibilidades tímbricas y expresivas del instrumento, especialmente su registro grave que Stadler cultivaba con predilección.
El Quinteto es también de inspiración puramente masónica, y J. y B. Massin recuerdan muy a propósito que la tonalidad de la mayor era la misma en el Cuarteto K. 464, primera obra compuesta por Mozart después de su iniciación. Es una obra feliz, tierna y muy vibrante de dulce calor humano. Más brillante sin duda, más ambiciosa, más elaborada y más vasta que el Trío, por otra parte no es menos rica en espiritualidad y vida interior. El clarinete se integra milagrosamente en el conjunto instrumental sin relegar nunca a los arcos al papel de acompañantes, como más tarde sucederá en el Quinteto de Weber. Por lo demás, éstos son quienes exponen el tema lírico y apacible del Allegro inicial. En esta forma sonata concisa, donde el desarrollo de los temas, según costumbre en Mozart, no ocupa más que un lugar limitado, se pueden distinguir hasta cinco ideas melódicas. No hay coda.

II. Larghetto (6:13)

       Charles Neidich, L’Archibudelli
El Larghetto en re, sublime efusión de esencia puramente melódica, es equiparable al Adagio del futuro Concierto. Su atmósfera de refinado nocturno es subrayada por el velo de las sordinas impuesto a los arcos durante todo su curso.

III. Menuetto (7:05)

       Charles Neidich, L’Archibudelli

A esta cima expresiva de la obra sigue un Minuetto de encanto bucólico y popular a la vez, con un desarrollo poco común y dos tríos. El primero de ellos, en la menor, reservado a las cuerdas solas, tiende una sombra pasajera sobre esta obra serena, pero el segundo (la mayor) nos ofrece un verdadero Ländler alpino, donde el clarinete reencuentra sus orígenes al transformarse pasajeramente en alegre chalumeau de pastor tirolés.

IV. Allegretto con variazioni (9:05)

       Charles Neidich, L’Archibudelli

El Finale (Allegretto) corona la obra con un tema con variaciones donde Mozart logra admirablemente sacar las consecuencias más imprevistas de un tema de una simplicidad casi ingenua. En la primera variación, el clarinete canta un contrasujeto que casi hace las veces de segundo tema (se le vuelve a encontrar en las variaciones 2 y 5), y que, a su vez, estaba claramente anunciado en el segundo trío del Minuetto. Las dos variaciones siguientes reservan la primacía respectivamente al primer violín y a la viola, contentándose el instrumento de viento con un papel más difuminado. La cuarta variación reencuentra, tras el velo melancólico de la precedente, el gozo y el buen humor, con el clarinete prodigándose en exuberantes figuraciones. Una breve transición, que desemboca en un calderón, introduce entonces la quinta variación, un Adagio muy conocido, de una limpidez y una ternura maravillosas. Una nueva detención precede a la viva y arrebatadora coda con la que el Quinteto termina en un gran estallido de alegría y de luz.

» L. van BEETHOVEN (1770-1827) – Septimino ou Septeto para ventos e cordas, en mi bemol maior (op. 20)

La obra, dedicada a la emperatriz María Teresa, está escrita para tres instrumentos de viento (clarinete, fagot, trompa) y cuatro de cuerda (violín, viola, violonchelo y contrabajo). Escribía Beethoven al editor Hofmeister en diciembre de 1800 que «a la vista de los hábitos, se podrían transcribir los tres instrumentos de viento (…) para un violín, una viola y un violonchelo más». Esto era en función de los «amateurs» que, según todos los indicios, eran numerosos: desde su aparición, el Septeto obtuvo, en efecto, un gran éxito. De esta cálida acogida es testimonio, entre otros, la opinión del Allgemeine Musikalische Zeitung. «Un septeto escrito con mucho gusto e imaginación». Tal entusiasmo acabó por exasperar al compositor quien, más tarde, declararía: «Hay en él mucha imaginación, pero poco arte… En aquella época yo no sabía componer, y ahora creo que sí sé». Esbozado en 1799 (al mismo tiempo que el Cuarteto nº 2), la partitura fue terminada en 1800. El compositor la dio a conocer en un concierto público, en el National Hoftheater de Viena, a la vez que la Sinfonía nº 1. Todo parece indicar que la obra ya había sido interpretada en privado, en casa del príncipe de Schwarzenberg. Fue publicada en 1802, por Hofmeister y Kühnel, en Leipzig (en aquel momento, y sin duda por error, como op. 21). También en 1802, Beethoven realizó una transcripción para trío (piano y cuerdas) que dedicó al doctor Schmidt.
La obra adopta la forma antigua del divertimento o la serenata, en seis movimientos, de la que evoca tanto el espíritu como la libertad de realización, mostrándose, a fin de cuentas, muy próximo al estilo de Mozart y Haydn. En lo que sigue reproduciremos tres ejemplos musicales perfectamente explícitos de este estilo y que, por lo demás, han alcanzado popularidad. Un Adagio de dieciocho compases constituye el preámbulo y da paso al Allegro con brío o primer movimiento, el cual se construye a partir de un tema conductor pimpante, en corcheas picadas repetitivas, en diseño lineal que evita cualquier complicación polifónica y vive de su propio dinamismo. El segundo movimiento (Adagio cantabile) utiliza un tema en 9/8, presentado dolce, de muy íntimo fervor:

El Tempo di minuetto en 3/4, con trío, hace aparecer un tema sincopado de extremado vigor:

En cuanto al cuarto movimiento, se trata de un Tema con variazioni (cinco variaciones y coda). El tema, Andante en 2/4, es de aire popular (tomado de una canción de bateleros renana), y es presentado por el primer violín al que se une el clarinete:

Con el quinto movimiento tenemos un Scherzo indicado Allegro molto e vivace, con trío. El tema de este scherzo en 3/4 hace una entrada casi cómica, en acorde descompuesto a la octava descendente (con la trompa); es repetida en notas conjuntas, siempre descendentes, en un registro agudo, antes de ser retomada literalmente por el fagot. El carácter es el de música galante sin más pretensiones, aunque marcado por un tono afirmativo ya muy «beethoveniano». Por fin, el movimiento conclusivo se organiza mediante un Andante con moto alla Marcia que introduce a un Presto (en 2/2) cuyo tema principal se presenta a la manera de un perpetuum mobile, siempre en notas breves y rápidas. Así, la obra concluirá en el virtuosismo más brillante.

Fuentes:
– F.-R. Tranchefort, H. Halbreich, Guía de la música de cámara; pp. 169,170 & 1012,1013 – Dirigida por Françoix-René Tranchefort, Alianza Diccionarios, Madrid 1995
– Charles Neidich, clarinete di bassetto; L’Archibudelli – SK 53 366

Publicado en Audio Conciertos Estudio

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